En los primeros años del siglo XX, Mora no tenía nada que envidiar a ninguna población, dado que tenía agricultura, industria, una buena situación geográfica y mejor comunicación gracias a la estación de tren; aún así, había un tema que preocupaba: la educación. El ayuntamiento, que siempre andaba escaso económicamente, alquilaba locales para acabar con el analfabetismo en los morachos. En 1916 se creó la escuela de niñas gracias a una donación, pero hubo que esperar hasta 1932 para que abriese la escuela de niños, del cual Fernando Martín fue su primer director. A su muerte en 1942, el colegio recibió su nombre.
Este edificio funcionó como colegio hasta principios del siglo XXI, cuando se rehabilitó como Biblioteca Municipal, conservando su fachada original.